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En Qatar los pequeños han despertado, observa el serbio Bora Milutinovic

Por: Alberto Aceves / La Jornada

Bora Milutinovic tiene su residencia en México, pero la conoce menos que otros países. Todo se lo debe al futbol. El serbio recuerda que con tanto viaje hubo momentos en que parecía dispuesto a desarmar sus vínculos con el deporte. El encierro y las interminables horas frente a la computadora en Qatar, donde actualmente pasa sus días como consejero del comité de organización del Mundial, lo afectaron durante el confinamiento.

“Me tenía que conformar con enviarle mensajes a mi familia para saber que estaban bien”, dice mientras la Copa se aproxima a los octavos de final sin selecciones como Uruguay, Alemania y Bélgica, que fueron eliminadas. “Los pequeños han despertado”.

La memoria de Bora a pesar del tiempo es fantástica. Ex futbolista y entrenador, observa por el espejo retrovisor de su carrera los países que ha recorrido gracias a este deporte: desde la extinta Yugoslavia, donde creció jugando al ajedrez en medio de la posguerra, hasta sus pasos por China, Irak, Honduras, Suiza, Francia, Argentina, Italia, Costa Rica, Estados Unidos, Nigeria, Jamaica, México y Qatar.

“Soy un trotamundos”, bromea a sus 77 años. En el poderoso emirato, el ex seleccionador mexicano en 1986 –el último en meter al Tricolor a la fase de cuartos de final-– es testigo de las sorpresas y fracasos suscitados en la Copa, entre ellos el del país anfitrión. “Los estadios y los aeropuertos son maravillosos. La gente de aquí se preparó de una manera excepcional para que su equipo avanzara, por lo menos, a la siguiente ronda. Habría sido muy positivo para los organizadores”.

Bora estuvo por primera vez en Doha en 1993, un año antes del Mundial de Estados Unidos. Luego volvió durante las eliminatorias de 2001, cuando sólo había un hotel, el Sheraton, y dirigía a la selección de China. De 2004 a 2005, comandó al Al-Sadd catarí y el hecho de mencionarlo le provoca una sonrisa. “Muchas personas hablaban en ese tiempo de edificios que no existían”, comparte; “‘aquí se va a construir esto, allá lo otro…’, decían. Yo no lo podía creer”.

Cuando a Bora le ofrecieron ser parte de la organización del Mundial, respondió en su mal inglés con algunas preguntas: “¿Para organizar una Copa en Qatar? ¿De futbol? ¡Yo no sabía de lo que hablaban! Con el tiempo me di cuenta de la visión que tienen los líderes de esta nación. Todo lo que se imaginan, existe”, asume.

Cinco veces mundialista como entrenador (1986, 1990, 1994, 1998 y 2002), el serbio se resiste a pensar en su siguiente destino después de Qatar. “No planeo tanto mi vida”, suelta con una carcajada. Sin embargo, el primer país que se le viene a la mente es México, su segunda casa, a donde llegó a los Pumas en 1973 –conquistó la Copa México y fue Campeón de Campeones en 1975– para cerrar su carrera como futbolista. Y donde empezó además el desfile de clubes y selecciones, de un continente a otro.

Tras 1986, el hombre de la voz aterciopelada y el pelo cano tuvo una segunda etapa con el Tricolor, de 1995 a 1997, pero “por esas cosas que tiene el futbol” no pudo llegar a Francia 98 y fue sustituido por Manuel Lapuente. “Lo importante es generar una identificación con los jugadores, yo sólo puedo hablar de actitudes bellas que tuvieron conmigo”, sostiene, y esa idea lo lleva de nuevo a la selección.

“Hay que tener confianza en el entrenador”, recalca el serbio sobre el siguiente proceso mundialista de 2026. Aunque por ahora el cargo de seleccionador sigue libre, luego de la salida del argentino Gerardo Martino al no superar la fase de grupos por primera vez desde Argentina 78, “si existe ese respaldo, se puede lograr algo más que el quinto partido”.

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